Estados Unidos e Israel ejecutaron este viernes ataques contra dos instalaciones nucleares en Irán: el reactor de agua pesada de Arak y una planta de extracción de uranio en Yazd, en el centro del país. El ejército israelí confirmó ambas operaciones, en tanto el presidente estadounidense Donald Trump pospuso «hasta el lunes 6 de abril» su ultimátum de atacar las centrales eléctricas iraníes, señalando que lo hacía «a petición del gobierno iraní». Los precios del petróleo subieron en medio de los combates en el Golfo y en Líbano, sin que se vislumbre un final claro del conflicto.
Ataques a plantas nucleares en Irán: qué se confirmó y cuál es la postura del OIEA
El ejército israelí confirmó haber atacado el reactor nuclear de agua pesada de Arak y «una planta de extracción de uranio situada en Yazd, en el centro de Irán», horas después de que la organización de energía atómica iraní informara de los bombardeos en esa instalación.
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, reiteró su llamado a la «contención militar para evitar cualquier riesgo de accidente».
El canciller iraní, Abás Araqchi, respondió que el país impondrá un «precio muy alto por los crímenes israelíes». «Israel atacó dos de las mayores siderúrgicas de Irán, una planta eléctrica y sitios nucleares civiles, entre otras infraestructuras. Israel afirma que actuó en coordinación con Estados Unidos», declaró en redes sociales.
Negociaciones en tensión y amenazas de los Guardianes de la Revolución
Pese a los ataques, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó tras su participación en el G7 que Irán no ha respondido formalmente a un plan para poner fin a la guerra, aunque ha enviado «mensajes» que muestran interés por la vía diplomática. Trump, por su parte, insistió en que las negociaciones indirectas con Irán «van bien».
Rubio fue enfático respecto al objetivo militar: «Cuando terminemos con ellos aquí, en las próximas dos semanas, estarán más debilitados de lo que han estado en la historia reciente».
En ese escenario, los Guardianes de la Revolución —el ejército ideológico de la república islámica— advirtieron a los empleados de instalaciones industriales de la región con «accionistas estadounidenses» y de las «industrias pesadas aliadas con el régimen sionista» que «abandonen inmediatamente sus lugares de trabajo», anunciando ataques en represalia. Horas antes, recomendaron alejarse de los lugares donde se encuentran estacionadas tropas estadounidenses y obligaron a tres barcos a dar media vuelta en el estrecho de Ormuz, declarando la ruta cerrada a los buques vinculados al «enemigo».









